En el articulo anterior presenté EL BAILE DEL TANGO como PARTE 1, a continuación desarrollaré el tema de esta nota en varias entregas periódicas, con el objetivo de compartir y difundir conceptos útiles para aprender y enseñar tango. Estos conceptos están basados en mi experiencia personal, adquirida a lo largo de varios años de aprendizaje con una gran variedad de profesores, y mi práctica continua en milongas de Buenos Aires y de muchos otros lugares del mundo. He bailado tango socialmente de manera ininterrumpida durante gran parte de mi vida, con una frecuencia promedio de 4 a 5 veces por semana. Además, he enseñado tango utilizando la metodología del lenguaje corporal.
Como introducción, incluyo una cita que no es de mi autoría, pero que considero muy pertinente:
**De Osho: Sufis, the People of the Path** (traducción al español):
«El baile es un experimento para poner en sintonía el cuerpo, la mente y el alma. A través del movimiento, el cuerpo y la mente fluyen y se funden entre sí; cuando los dos se hacen uno, una cierta alquimia comienza a suceder. Por eso se ve un nuevo tipo de gracia en los rostros de los bailarines, es alquimia: la fusión del cuerpo y la mente, convirtiéndose en un ritmo, una armonía. Cuando esta armonía aparece, la tercera entidad, el alma, comienza a entrar en ella. El alma puede entrar en tu existencia solo cuando el cuerpo y la mente ya no están en conflicto, cuando el cuerpo y la mente están profundamente enamorados, abrazándose; entonces, inmediatamente, la tercera entidad, el alma, también puede entrar.»
En el tango BAILE SOCIAL, lo más importante no es lo que se ve, sino lo que se siente.
Estoy convencido de que la «verdad» sobre cómo se baila el tango no la tiene nadie; cada persona baila como puede y como quiere. Desde nuestro nacimiento, tenemos habilidades innatas en nuestro cuerpo; algunos destacan en los deportes, otros en sus trabajos, en la educación, y otros en la danza. Si una persona tiene una habilidad natural para algo que le gusta, como bailar, es probable que desarrolle esa pasión sin grandes esfuerzos y llegue a ser un excelente bailarín o bailarina.
Por otro lado, para quien no tiene esta habilidad innata, emular a un bailarín que admira puede requerir un esfuerzo monumental, y tal vez nunca lo logre. Sin embargo, esa persona puede sentir que está imitando correctamente y creer que está bailando bien, hasta que se ve a sí misma y empieza a cuestionar su percepción. Esto es particularmente cierto en el tango, ya que en este baile, lo esencial no es tanto lo que se ve, sino lo que se siente.
¿Cómo se define a un buen bailarín?
Un buen bailarín debe hacer sentir bien a su pareja, adaptándose a su estilo de baile, sus limitaciones y su nivel, para terminar la tanda con una sensación de satisfacción mutua… con una sonrisa. Así, quienes definen a alguien como «buen bailarín o bailarina» son, en última instancia, las personas con las que baila, ya que son quienes pueden experimentar esa sensación al bailar.
A veces, podemos evitar bailar con alguien porque no nos llama la atención al verlo bailar, pero al hacerlo, nos llevamos una grata sorpresa. Por el contrario, a veces vemos movimientos hermosos y pulcros que nos hacen desear bailar con esa persona, solo para decepcionarnos al no sentir lo que esperábamos.
El súmmum del bailarín es verse bien y que su pareja de baile disfrute. Sin embargo, es posible que para algunas personas un bailarín sea excelente y para otras no tanto, ya que es imposible satisfacer todos los gustos. Así, la opinión general de la mayoría de los bailarines del sexo opuesto (o del rol opuesto) define en gran medida la calidad del bailarín.
Ing. Carlos Neuman
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