Apreciaciones de mi experiencia de varias décadas en las pistas de milonga de Buenos Aires y del mundo

Apreciaciones de mi experiencia de varias décadas en las pistas de milonga de Buenos Aires y del mundo

Como milonguero con vasta experiencia en las pistas de Buenos Aires y de otros países, he llegado a comprender profundamente el sentir de la mujer en el baile. En general, puedo resumir que la mayoría aprecian un tango suave, sensual y delicado. Para ello, es esencial la marca sutil e inconfundible del rol conductor y la respuesta suave del rol seguidor.

El equilibrio corporal es fundamental; no se trata de cargar el peso sobre el otro, sino de un apoyo de torsos con un balance de fuerzas, como dos cartas paradas que se sostienen mutuamente –un principio puramente físico para el estilo milonguero donde se comparte un solo eje, en cambio para el estilo salón donde cada uno mantiene su eje, el equilibrio es individual.

Sin embargo, en el tango, nadie posee la verdad absoluta. Cada bailarín, maestro y aficionado baila, enseña y opina desde su propio conocimiento y experiencia. Nadie es igual a otro; cada persona es tan singular como su propio estilo de baile.

En el baile social de tango, no hay reglas inquebrantables, sino consejos; no hay coreografías preestablecidas, sino pura improvisación. Quien baila para exhibirse se preocupa por sus movimientos, la cantidad de figuras, la postura y cómo es percibido por los observadores. En cambio, quien baila para la pareja valora la calidad de la conexión y del sentimiento. El rol del conductor no solo guía, sino que también acompaña; el rol de seguidor no solo sigue, sino que también acompaña activamente.

El baile de tango social no se baila simplemente por bailar; se baila para disfrutar, para sentir y hasta para mejorar la salud. No se busca un desempeño profesional, sino un rol social. El conductor no piensa en sí mismo, sino en la persona que abraza, a quien protege con su abrazo y su improvisación para evitar colisiones. El seguidor no baila para sí, sino para el compañero de turno. El baile no es una acción individual, es una experiencia de a dos. Y, fundamentalmente, no se «toma» al compañero, se lo abraza.

El Alma del Abrazo

El buen abrazo, suave y sentido, es el alma del tango. El abrazo del rol conductor debe ser de contención, protección y seguridad, abarcando la espalda de quien abraza; no es un abrazo para la exhibición. La postura es clave: se ofrece el torso, donde reside el corazón sin quebrar el eje que puede estar vertical o inclinado con cuerpo apilado. Si bien una postura erguida y elegante puede servir para mostrarse al público, la esencia está en la conexión interna.

Para que el abrazo del rol seguidor sea sentido y cálido, debe sentir la espalda del compañero en toda la extensión del brazo. Es importante que si el abrazo sea con el codo hacia abajo, no bloquee el abrazo del rol conductor y tampoco que ponga el peso del cuerpo sobre sus brazos; el conductor no es su sostén.

Mi sensaciones sobre el abrazo del rol seguidor:

El abrazo con la mano apoyada en el riñón derecho del hombre es poco estética y no permite una conexión profunda, yo lo siento incomodo «una mano en mi riñón» y el brazo de la compañera bloqueando mi abrazo.

Abrazo bajo mano al riñon

 

 

 

 

 

 

 

El abrazo en forma de V siendo su vértice el codo (codo abajo) suele bloquear el abrazo conductor y evitar una conexión profunda. Además, obliga al baile hacia el abrazo abierto y cuerpos en apoyados en V.

Abrazo en V, codo hacia abajo e invadiendo espacio de pista

El abrazo abierto de brazo horizontal que se levanta de la superficie de la espalda del seguidor y que solo apoya la mano, no se siente abrazo, sino una mano.

Abrazo abierto que solo apoya la mano

 

 

 

 

 

En definitiva, ambos, desean sentir un buen abrazo, ¡como el baile del tango lo manda! A las mujeres les gusta un buen abrazo, y a los hombres también.

Abrazo que apoya toda su superficie en la espalda del conductor. Abrazo alto

Naturalidad y Fluir en el Baile

El tango es más fácil de lo que parece si se aborda de forma natural, aprendiendo a «caminarlo» con las mismas intenciones corporales inconscientes que realizamos habitual y naturalmente en la vida diaria, como al andar por la calle. Esto evita posturas y movimientos difíciles que a nuestra mente y cuerpo le cuesta asimilar.

Como dice Osho, «cuando la mente y el cuerpo se funden, el alma entra en la danza». Eso es el tango. Para que el alma entre, debe haber conexión. Y para que haya conexión, no se debe pensar en nada, solo sentir, disfrutar y amar por tres minutos a la persona que se tiene abrazada. Jamás habrá conexión ni entrará el alma si la mente está ocupada pensando en la secuencia, el paso, las piernas, los movimientos, en la gente que mira, o en cualquier otro pensamiento.

Reflexión: pies y piernas no se pueden ver mientras bailamos; solo sentimos nuestros cuerpos, la conexión y la musicalidad.

Armonía y Respeto en la Pista

En el baile, se trata de adaptarse mutuamente para terminar la tanda con una sonrisa y satisfacción.

No se impone el propio baile, sino que se comparte. No se impone un estilo, sino que se adapta el uno al otro, o el más experimentado se adapta al compañero.

Aunque no haya habido armonía en el baile, se baila la tanda completa, pues, uno invitó y el otro aceptó.

En la pista, se baila y solamente eso. No se enseña ni se practica; no se bloquea la circulación parados sin bailar o exhibiendo habilidad de pasos.

No se cruza caminando la pista entre las parejas, se respeta los que bailan y aunque la pista está vacia, se trata de no invadirla.

El rol conductor debe administrar ordenadamente su espacio y el espacio común con otras parejas, y el rol seguidor debe adecuar sus movimientos al espacio existente.

Los compañeros/as de baile son quienes verdaderamente definen la calidad del bailarín; bailemos para el compañero/a de turno y no para la gente que mira.

Por Ing. Carlos Neuman de Aires de Milonga