BAILAR EL TANGO. SEXTA PARTE. Las dificultad inicial en hacer pasos y figuras, y como las solucioné

Este es un texto muy rico y personal sobre el aprendizaje del tango.


Aprendiendo a Bailar Tango: Más Allá de los Pasos Básicos

Diariamente, acciones como caminar, conducir o comer las realizaba sin pensar. De repente, me encontré en el tango, donde tenía que moverme de forma diferente, analizando cada movimiento para poder aprenderlo.

En efecto, el cerebro automatiza los movimientos que al principio pensamos. Una vez creado el patrón, dejamos de pensarlos, como ocurre al aprender a conducir o practicar un deporte. Los «vicios» son, de hecho, movimientos incorrectos que se han automatizado.


La Búsqueda del Movimiento Verdadero

Recuerdo las interminables clases: «1, 2, 3… y 8», «el sanguchito», «la arrastrada», «el giro», y tantas otras figuras con nombres llamativos. Una y otra vez, con tantos profesores como podía. Mi mente estaba fija en mis pies; los miraba para ver dónde los ponía, evitando pisar a la compañera a quien atropellaba constantemente, mientras nuestras rodillas chocaban.

Miraba de reojo a los bailarines avanzados y a otros que ya bailaban con soltura. Ninguno hacía los supuestos «8 pasos básicos». Me preguntaba: «¿Por qué los hago yo? Si se llaman básicos, será porque son la base de la enseñanza, pensé, y me dije: ¡Avancemos!».


El Descubrimiento Clave: El Lenguaje Corporal

Pasó mucho tiempo y aún sentía que no bailaba. «De esta forma no va», pensé. Fue entonces cuando me detuve a observar con detenimiento, a estudiar cada parte del cuerpo de los que ya bailaban: los avanzados y los mismos profesores. Descubrí algo que nadie me había dicho y que, al ponerlo en práctica, me ayudó muchísimo en mi aprendizaje y en mi baile. Hoy, veo que todos los milongueros lo hacen: el lenguaje del cuerpo.

Decidí intensificar mis clases para aprender más y para probar lo que había descubierto. Por supuesto, lo compartí con algunas compañeras para practicar y ver los resultados. Lo que tenía que hacer de ahí en adelante era un cambio radical: primero, dejar de mirar el piso y, con ello, dejar de usar los pies como guía, obligándome a usar el cuerpo como tal.


La Intención del Movimiento

Fue así como descubrí que la base estaba en lo que había aprendido de la caminata. Antes de mover las piernas, debía dar una muestra de intención moviendo primero mi cuerpo. Aprendí que la mujer inmediata y naturalmente entendía cuál iba a ser el movimiento y en qué dirección. Ya no la chocaba ni la llevaba por delante, y nuestras rodillas tampoco chocaban.

Básicamente, tenía que dominar esta intencionalidad en todas las direcciones para luego dominar cualquier otro paso o figura. La mujer (como todas las personas) recibe naturalmente la intencionalidad del movimiento y hace su parte, acompañando al hombre en el movimiento completo. (NOTA: «Hacer su parte» implica saber cómo hacerlo, habiéndolo aprendido previamente).

  • En dirección recta hacia adelante: Como en la caminata, primero la intención con el cuerpo: mi torso se mueve sutil y milimétricamente hacia adelante, y después mis piernas salen.

  • Hacia los costados: Mis hombros se mueven sutilmente hacia el lado donde quiero ir, y después muevo las piernas.

  • Hacia atrás: Se trata de hacer o ampliar milimétricamente el vacío entre mi cuerpo y el de ella, un movimiento opuesto al avance.

  • En el giro hacia mi izquierda: Mi cuerpo siempre adelante al de ella, la posición del hombro es la clave y suavemente ayudado con mi mano izquierda. En el abrazo, el antebrazo ayudaba suavemente con una pequeña presión sobre el cuerpo de ella; con la práctica, esto último dejó de ser necesario.

  • En el giro hacia mi derecha: Mi cuerpo siempre demostrando esa intención, empujando suavemente con mi palma sobre su palma.

  • En las detenciones: Mi cuerpo se detiene primero, después mis piernas; la mujer recibe esto y se detiene perfectamente junto conmigo.


Lecciones Aprendidas y la Humildad del Milonguero

  • Durante mi aprendizaje  y durante mi actividad de milonguero que ya es una filosofia de vida, que me dá sociabilidad, salud y entretenimiento aprendí muchas cosas, algunas que deseo compartir y sin ofender a nadie, es solo mi mirada al respecto.
  • Aprendí que, cuando mi cuerpo estaba inerte, me molestaba que la mujer se moviera sola, y ni hablar cuando hacía interminables ochos. Como no sabía cómo detenerla, con paciencia esperaba a que se detuviera.
  • A veces me tocaba bailar con una mujer de nivel avanzado. Ahí aprendí la humildad en el aprendizaje: no demostrar que sabía hacer el paso recién aprendido, sino demostrarle que necesitaba su ayuda para practicarlo.
  • Ayudar a los compañeros una vez que había dominado lo aprendido podía ser malinterpretado tanto por el compañero como por el profesor. Debía mantener mi rol de alumno y solo eso.
  • Dominar el paso en ese momento no significaba que lo fuera a hacer de la misma forma en la próxima clase ni en la milonga; en unos días más se me olvidaría. Para evitar el olvido del paso o figura, lo practicaba varias veces, varios días, hasta que mi cerebro formara el patrón y lo hiciera automáticamente.
  • Si lo practicaba en clase, estaba pagando por ello, así que prefería aprender algo nuevo. Entonces, lo hacía repetidas veces en mi casa, que era gratis, y lo practicaba en las milongas con alguna amiga, intercambiando aprendizaje, siempre usando el centro de la pista (en esa época no existían las prácticas o no las conocía).

La Intuición y la Improvisación

  • Con el tiempo, obtuve la habilidad de aprender más rápido. Y aunque el profesor no lo dijera, aprendía los pasos y, al practicarlos, usaba la intencionalidad del movimiento con mi cuerpo, fundamentalmente mi torso. Después de notar que la compañera se movía, movía mis piernas y continuaba con la figura. O al revés: detenía mis piernas y usaba el cuerpo para mover a la mujer. A veces hasta podía decir que seguía a la compañera a fin de pisar juntos.
  • También, con el tiempo, obtuve la habilidad de apreciar el silencio musical, bailar la pausa para intensificar la pasión. Me di cuenta que bailar sin parar como una maquina rítmica solo denotaba habilidades y me faltaba la pasión, sentir el abrazo y el alma que invade la pareja.
  • Aprendí apreciar la pequeña sutileza del movimiento de la mujer ya sea para seguirla, para entenderla, para darle su espacio y su tiempo.
  • Asimismo, con el tiempo, bailando en la milonga, con solo dominar la intención y los movimientos, los pasos y figuras nacían solos. Lograba esa improvisación que seducía a la mujer, que la mantenía atenta siempre, porque mis movimientos no eran repetitivos ni previsibles.
  • Ya como un milonguero de muchos años pude comprobar lo que decía mi maestro Carlos Gabito: son ellas la que definen el buen bailarín, para ello debes hacerla bailar bien, hacerla lucir con suavidad y sutileza y fundamentalmente que sienta el baile.

Por Ing. Carlos Neuman